Ruego a quien corresponda que por favor me dote de la voluntad necesaria para dejar de hacer las siguientes acciones:
1- Fumar en mi casa a escondidas.
2- Buscar no tener absolutamente nada que hacer para sentirme libre.
3- Paranoiquear.
4- Ser tan fría y distante con mi familia.
5- Contar detalles de mi vida que pueden ser usados en mi contra.
6- Huir de mis padres para no dar explicaciones.
7- Encerrarme en mi cuarto a lo hikikomori.
8- Escuchar "La casa azul". Peor, saber algunos temas.
9- Sentirme constantemente perseguida por los errores del pasado.
10- Encariñarme con gente que no conozco bien.
11- Opinar sobre cuestiones que desconozco como si fuese una erudita en el tema.
12- Sentarme en el suelo aunque esté mugroso.
13- Acostarme a dormir TAN tarde, o tan temprano, según como se vea a las 7:00, 8:00 de la mañana.
14- Dormir siestas a las nueve de la noche.
15- Estudiar directamente para las recuperaciones.
16- Perder tanto tiempo en cosas irrelevantes.
17- Levantarme de pésimo humor.
18- Bajonearme los domingos.
19- Pensar que todo va a salir mal.
20- Idealizar a lo loco.
21- Dar tantas vueltas.
22- Pensar que casi nadie me quiere y que soy yo la que siempre quiere más.
23- Cantar a los gritos cuando no hay nadie en casa.
24- Hacer sentir pelotuda a la gente.
25- Autistearme en las reuniones sociales.
26- Usar la ropa hasta arruinarla.
27- Ser impuntual.
28- Resaltar los defectos.
29- Hablar de mí 24/7.
30- Escribir posts de los que después me avergüenzo.
31- Encajetarme.
32- Descuidar a la gente que vale la pena.
33- Omitir.
34- Hacer como que no pasa nada.
35- Sufrir por cosas que no dependen de mí.
36- Escuchar repetidamente y hasta el hartazgo algunas canciones.
37- Manipular a la gente para que haga cosas por mí.
38- Posponer indefinidamente.
39- Herir con mis comentarios ácidos y crudos.
40- Inventar teorías estúpidas y desparramarlas entre mis amigos.
El orden de los factores no altera el producto.
25 de septiembre de 2008
6 de septiembre de 2008
He dicho
No tengo un momento clave, cúlmine, determinante que me haya hecho descubrir que soy lesbiana. Siempre lo sentí, en realidad no conozco otra forma de sentir, pero durante mucho tiempo pensé que era lo mismo que sentían los demás, y quizás por eso no supe nombrarlo desde el inicio. Tampoco recuerdo cuando fue que comencé a notar las diferencias, probablemente durante la infancia, supongo que en esa época no le dí la suficiente relevancia al asunto. Mucho tiempo no pude entender que era lo que me pasaba, pero poco a poco la cuestión se iba gestando desde el fondo.
Siempre fui muy rara para normal, y muy normal para rara. Estaba en el aire, nada me identificaba completamente y era un constante jaleo de ambos lados. Yo quería ser normal, me esmeraba por ser como todos, pero las cosas, obviamente, nunca salían como yo esperaba, porque eran situaciones forzadas en las que pretendía ser una persona que no soy. No estoy hablando de mi sexualidad, para nada, sino de formas de ser.
Este panorama ambivalente me impidió crecer a mi modo en muchos aspectos. Me criaron con ese prejuicio castrador de que lo diferente es malo. Luché hasta el cansancio contra mi diferencia, y recién ahora comienzo a enorgullecerme de haber perdido.
Nunca tuve vergüenza, culpa, remordimientos, problemas morales ni nada que se le parezca. Tuve miedo, miedo de lo que me esperaba, de no poder cumplir el ideal prefabricado de vida perfecta que siempre estuvo en mi cabeza. La mayoría de las veces me siento débil, superada por las cosas. Una vida así era demasiado complicada para mí. Todavía estaba del otro lado y podía verlo desde la periferia. Conocía la visión general sobre la homosexualidad y me creía incapaz de vivir con el estigma de formar parte de una minoría incomprendida. Además en ese momento no me sentía identificada con el lesbianismo, porque, desde afuera y muy lamentablemente, las cosas se ven totalmente distintas.
Viví años así, sin considerarlo siquiera como una opción. Pensé infinidad de posibilidades, pero lesbiana no era. Me convencí de que yo buscaba personalidades y no personas, de que era cuestión de esperar, de que no conocía la gente indicada, y de tantas otras viles excusas para justificar la postura equívoca. Hasta que la situación devino insostenible y me encontré en la obligación de replantearme mis intocables verdades absolutas.
Terminé entendiendo que si existía alguna posibilidad de felicidad en mi vida, solamente iba a desarrollarse si me dejaba ser, si me liberaba de toda esa visión ornamentada que estaba persiguiendo, y comenzaba a buscar en mí cuales eran las cosas que realmente me hacían bien. No fue fácil asumir esa posición. Sin duda una de las decisiones más difíciles de mi vida y la que más satisfacciones me trajo, porque desde que superé y trascendí el problema me siento en paz y estoy mejor que nunca.
Aceptarme lesbiana me abrió las puertas a aceptar lo que soy, no lo que debo ser.
Siempre fui muy rara para normal, y muy normal para rara. Estaba en el aire, nada me identificaba completamente y era un constante jaleo de ambos lados. Yo quería ser normal, me esmeraba por ser como todos, pero las cosas, obviamente, nunca salían como yo esperaba, porque eran situaciones forzadas en las que pretendía ser una persona que no soy. No estoy hablando de mi sexualidad, para nada, sino de formas de ser.
Este panorama ambivalente me impidió crecer a mi modo en muchos aspectos. Me criaron con ese prejuicio castrador de que lo diferente es malo. Luché hasta el cansancio contra mi diferencia, y recién ahora comienzo a enorgullecerme de haber perdido.
Nunca tuve vergüenza, culpa, remordimientos, problemas morales ni nada que se le parezca. Tuve miedo, miedo de lo que me esperaba, de no poder cumplir el ideal prefabricado de vida perfecta que siempre estuvo en mi cabeza. La mayoría de las veces me siento débil, superada por las cosas. Una vida así era demasiado complicada para mí. Todavía estaba del otro lado y podía verlo desde la periferia. Conocía la visión general sobre la homosexualidad y me creía incapaz de vivir con el estigma de formar parte de una minoría incomprendida. Además en ese momento no me sentía identificada con el lesbianismo, porque, desde afuera y muy lamentablemente, las cosas se ven totalmente distintas.
Viví años así, sin considerarlo siquiera como una opción. Pensé infinidad de posibilidades, pero lesbiana no era. Me convencí de que yo buscaba personalidades y no personas, de que era cuestión de esperar, de que no conocía la gente indicada, y de tantas otras viles excusas para justificar la postura equívoca. Hasta que la situación devino insostenible y me encontré en la obligación de replantearme mis intocables verdades absolutas.
Terminé entendiendo que si existía alguna posibilidad de felicidad en mi vida, solamente iba a desarrollarse si me dejaba ser, si me liberaba de toda esa visión ornamentada que estaba persiguiendo, y comenzaba a buscar en mí cuales eran las cosas que realmente me hacían bien. No fue fácil asumir esa posición. Sin duda una de las decisiones más difíciles de mi vida y la que más satisfacciones me trajo, porque desde que superé y trascendí el problema me siento en paz y estoy mejor que nunca.
Aceptarme lesbiana me abrió las puertas a aceptar lo que soy, no lo que debo ser.
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Yo y mis circunstancias
- M.
- Somewhere, Over the Rainbow, Argentina
- La última vez que escribí algo aquí puse la primera boludez que se me vino a la cabeza porque no tenía idea de lo que se pone cuando se hace una descripción/presentación/análisis contextual de mí mismísima, del disque blog, de la situación comprometedora, etc. Como sigo sin descubrir las palabras mágicas, ergo, seguirá estando este espacio al divino botón por tiempo indefinido. En fin, Carpe Diem! y hartos besos a todos los que me conocen (?). Nada más, nunca más.
Mi pasado me condena
ADVERTENCIA:
Si todo lo leído en este blog le han parecido desvaríos de una persona carente de cualquier tipo de inteligencia (sobre todo emocional) ha entendido perfectamente el mensaje del mismo. Caso contrario, mi más sentido pésame a su salud mental.
Si todo lo leído en este blog le han parecido desvaríos de una persona carente de cualquier tipo de inteligencia (sobre todo emocional) ha entendido perfectamente el mensaje del mismo. Caso contrario, mi más sentido pésame a su salud mental.