16 de mayo de 2008

Yo, lesbiana

Salió un artículo que me llamó mucho la atención en el suplemento SOY de Página 12. Más allá de la mezcla de sensaciones que me produjo en una primera lectura, el no saber si reírme, indignarme, tomarlo como una de las tantas muestras de falta de comprensión a lo diferente a las cuales debería comenzar a acostumbrarme, hizo plantearme varias cuestiones.
La situación es más o menos así: Un grupo de gente de la isla Lesbos (tierra de Safo, ícono lésbico por antonomasia y lugar que da origen al término lesbianismo) hizo una presentación a la Corte Suprema Griega pidiendo que la palabra lesbiana solo sea usada como gentilicio. Parece que a los isleños les da vergüenza decir que tienen una madre lesbiana, una hermana lesbiana, un marido lesbiano, que son lesbianos, etc. porque inevitablemente se los relaciona con las señoritas que gustan andar tomadas de la mano y darse besitos en público entre ellas.
¿Tienen derecho a reclamarse propietarios , a exigir el monopolio de la palabra, a censurar y pisotear nuestra identidad, solo por ser habitantes de Lesbos? ¿Acaso hay una prioridad cronológica, histórica, temporal?
Las palabras no tienen un significado único, estático, inamovible, perdurable infinitamente como la simple enunciación de una sola realidad externa y veraz. Las palabras tienen el significado que les da la convención, el uso habitual, lo que nosotros socialmente queremos que signifique y , universalmente, estamos todos de acuerdo en que una lesbiana así como puede ser una habitante de Lesbos, puede ser también una mujer homosexual, que las hubo y habrá durante toda la historia, y si bien tenemos que agradecerle a Safo y su isla que no hayan regalado un nombre tan bonito, creo que este sentido del significante ha superado en difusión ampliamente su significado primigenio.
Lesbiana, lesbian, lesbienne, Lesbierin, sea el idioma que sea, se entiende perfectamente de qué se está hablando porque todas estas enunciaciones se refieren al mismo concepto y estoy segura que el primer referente que se viene a la cabeza no son precisamente los isleños. De todas formas es el contexto el que hace la diferencia y termina denotando el significado que se busca en un uso determinado de una palabra, por lo que este egoísmo linguístico me parece ridículo y aberrante, dudo que estas personas, siendo griegos, no cuenten con los recursos idiomáticos para hacerse entender.
Lo siento mucho señores, a acostumbrarse a la polisemia porque, diga lo que diga la Corte Griega, lesbianas somos y seguiremos siendo por un tiempo largo, nosotras también.
A quejarse a Magoya.

No hay comentarios:

Yo y mis circunstancias

Mi foto
Somewhere, Over the Rainbow, Argentina
La última vez que escribí algo aquí puse la primera boludez que se me vino a la cabeza porque no tenía idea de lo que se pone cuando se hace una descripción/presentación/análisis contextual de mí mismísima, del disque blog, de la situación comprometedora, etc. Como sigo sin descubrir las palabras mágicas, ergo, seguirá estando este espacio al divino botón por tiempo indefinido. En fin, Carpe Diem! y hartos besos a todos los que me conocen (?). Nada más, nunca más.
ADVERTENCIA:

Si todo lo leído en este blog le han parecido desvaríos de una persona carente de cualquier tipo de inteligencia (sobre todo emocional) ha entendido perfectamente el mensaje del mismo. Caso contrario, mi más sentido pésame a su salud mental.