Consu me dijo que un mes en la vida de una lesbiana vendría a ser como siete meses en la vida de una
hetero. Totalmente de acuerdo. En estas últimas semanas mi vida ha dado los tumbos emocionales tremendos, que se venían atrasando unos 19 años, a la velocidad de la luz.
Me animé a cosas a las que tenía asumido que nunca iba a animarme, que no son grandes hazañas ni osadías, pero para alguien tan vergonzosa y retraída como yo (que hasta evita atender el teléfono de su casa) son logros muy importantes. Me interioricé en algunas facetas desconocidas de mi personalidad y descubrí que a veces no soy tan cagona como pienso, en cierto punto estoy orgullosa de mí por eso.
Me permití por primera vez querer a alguien, naturalmente antes quise a otras personas pero siempre lo reprimí y negué, aceptándolo recién cuando después de mucha lucha lograba socavar el sentimiento.
Esta vez fue distinto, fui libre, muy conciente de lo que me estaba pasando y disfruté y sufrí cada etapa, con altas cantidades de sonrisas y pañuelitos descartables incluidas. Y lo más importante de todo: lo exteriorice, no deje que muera en mí como acostumbro hacer y se lo confesé a ella. Tal vez de una manera un poco suicida y apresurada pero profundamente sincera. Me fue... mal, obviamente. No esperaba que me fuera bien porque me la veía venir (creo que por eso opté por el modo kamikaze) y mi pesimismo existencial me prohibe pensar que cosas buenas puedan pasarme a mí, pero tenía la necesidad de decirlo porque los pajaritos en mi cabeza estaban volando bastante alto, se estaban escapando y no sé, quería un poco de realidad, que aunque sea dolorosa e hiriente es siempre mejor a vivir en un mundito idealizado e ilusorio.
Siempre le tuve pánico al rechazo, terror, fobia, miedo a sentirme ridícula, inferior, despreciada, herida, subestimada, humillada, estúpida, vulnerable, frustrada. Sentí todo eso crudamente y ¿qué sensación me quedó? Que no era para tanto, soy una exagerada. Sí, es horrible, pero sigo viva, exactamente igual (con experiencia nueva) y el universo ni siquiera ha cambiado un poquitito por eso. Si tengo que definirlo con una palabra, sería, sin duda, normal. Pensaba que mi autoestima se iba a ir al carajo si me pasaba esto pero, por suerte, parece que no hay forma de que empeore (más), incluso capaz que está un poco menos pálido porque me siento un cachitín más fuerte.
La sensación de mierda duró el tiempo que demoré en darme cuenta que la incertidumbre pre tachada (?) era mucho más molesta y nociva que la certeza posterior. También comencé a pensar las cosas objetivamente (si es que eso se puede) y asumí cuanto de cabeza mía había en esto. Todo. Cabeza excluida creo que es bastante poco lo que queda por rescatar de la historia.
Aprendí horrores, y supongo que con los días voy a ir asimilando mejor lo que pasó y sacaré más enseñanzas, opiniones y puntos de vista porque mi obsesión con analizar todo no me permite pasar por alto las situaciones sin sacarles el máximo de provecho posible.
Hoy digo que dolió mucho, que fue durísimo, pero no tan duro como siempre lo imaginé, que a los pañuelitos los tiré, el dolor de cabeza se curó con Tafirol, los ojos se me deshincharon y que seguramente en poco tiempo solo la recordaré por decirme que no le pasaba lo mismo, algo que agradezco enormemente porque me sacó el peso de mi propio monstruo de inseguridad de encima, aunque admito que otra respuesta siempre hubiese sido mejor. Y de paso, ya que estoy hablando de la susodicha, me gustaría decirle que no está mal relajarse de vez en cuando y que todos tenemos miedo, la cuestión es buscar algo más importante que el miedo, no es sano huir siempre (además de ser aburridísimo). Si no le vuelvo a hablar de momento, es solamente porque esta situación me hace sentir rara, no sé cómo comportarme, qué decir, ni qué piensa, ni nada. Ya se me pasará prontamente, si ella quiere hacerlo (aunque lo dudo) es siempre bienvenida.
En fin, hoy, también digo, que la próxima vez que tenga la oportunidad de querer, no voy a dudar en hacerlo, aunque todo mi ser devenga, nuevamente, en la masa sentimentaloide que está escribiendo esto. Y a mis amigos (santos merecedores de eterna veneración) que se agarren, porque me van a tener que soportar de nuevo.
Felicítome, he entrado al club de los corazones rotos y he sobrevivido para contarlo (?).
Me doy asco de cursi.
C´
est la
vie.
Soy yo.